Nos despertamos en Wichita Falls (pueblo maravilloso según HK, que incluso construyó unas cascadas de mentira ya que los turistas se quejaban de que no existieran unas reales) y pusimos rumbo a Amarillo, Texas. Solo que nos liamos y nos fuimos en dirección Oklahoma.

Claro que Amarna estaba empeñada en ver Oklahoma, así que quizá eso influyó en que de pronto estuviéramos en una autopista de peaje en dirección norte. Tropecientos km después abandonamos la autopista de peaje, eso si, tras pagar la ingente cantidad de $1.5. Igualito que en España oiga. Tanto el precio como la carretera.

Seguimos atravesando pueblitos típicos, que consisten en 10 o 12 casas y una gasolinera a ambos lados de la carretera (con muchos tractores y cosechadoras), o bien sitios con aviones a reacción en mitad de la calle y militares locos. Todo, desde luego, amenizado con el lema oficial del estado “Don’t mess with texas“.

Pueblo tipico de texas
Pueblo típico de texas.

La cuestión es que estábamos hartos de autopistas así que decidimos meternos por carreteras minúsculas, y de esa manera llegamos de pronto a Lawton, donde tomamos un desvío que nos haría atravesar las todavía desconocidas para nosotros, Wichita Mountains. La ruta era preciosa y pronto estuvimos rodeados de montañitas y bosquecito. Paramos a desayunar en mitad de la foresta, fuimos hasta un lago y después de innumerables intentos, Amarna vio cumplido uno de sus deseos: bisontes salvajes. No es que tenga muy claro que exista algo así como el bisonte domesticado, o la mascota bisonte, pero definitivamente estos eran salvajes.

Bisontes

Al cabo de unas horas salimos de la reserva (de vida salvaje, comanche y apache) y continuamos tomando carreteritas en dirección a Amarillo. Texas (y Nuevo mexico) son algo asi como eternas llanuras de estepa manchega. Miles y millones de kilómetros de nada. En algunos casos hay arbustos y piedras. En otros hay granjas con hierbajos amarillentos. Y de vez en cuando algún molino para sacar agua del subsuelo y que las vacas puedan hacer fiestas. Ese fue el paisaje durante las siguientes infinitas horas.

Molinillo

Pero poco antes de ponerse el sol estábamos llegando a Amarillo. Que NO era nuestro destino final. Poco antes de llegar giramos y nos dirigimos a Canyon City. Y de ahi tomamos la carretera que nos llevó a Palo Duro Canyon. Imaginad la estepa infinita absolutamente plana. Un desnivel de terreno inexistente durante cientos de km. Y de pronto te encuentras un precipicio en mitad de la nada. 190km de largo y 300 metros de profundidad. Vale, no es el gran cañon, pero ya nos gustaría tener algo la decima parte de grande en monegros o en cuenca.

Llegamos cuando se estaba poniendo el sol. Lo que significaba que en el interior del cañon no se iba a ver nada. Así que decidimos dormir abajo. Total, es una zona preciosa, hay cantidad de vida y seguro que vemos algún bichito. Efectivamente, nada mas empezar a descender nos encontramos con un longhorn. No se si tiene traducción al español, pero consiste en una mezcla entre vaca gigante y bufalo con unos cuernos que pueden llegar a medir 2 metros.

Longhorn
La foto es un asco, pero era ya de noche, se siente.

Palo Duro Canyon tiene 5 zonas de acampada. Nos dirigimos hacia Fortress Cliff, la zona que nos ha asignado en ranger. El hecho de tener que vadear riachuelos de barro no venia indicado en ningún sitio, pero no es nada para el super toyota corolla que varios días después vería naves ardiendo mas allá de Orión. Llegamos y esta desierto. No. En uno de los 20 o 30 puestos de acampada hay una tienda. Pero absolutamente nada mas. No se ve un alma. El sol se acaba de poner.

Nos queda medio bocadillo, así que haciendo un absoluto caso omiso a las señales de “no salir con comida, los osos vendrán a atacarte”, decidimos dar un paso por la “Sunflower track”. Muy bonito, mucha vegetación, y un riachuelo precioso. Vemos a un ciervo salir corriendo como si hubiera visto a Satán. Apenas hemos recorrido 250 metros. De pronto algo parecido a un perro con esquizofrenia paranoide y un ataque de risa a la vez suena a una distancia que parece absolutamente insuficiente. A los 2 segundos responden algo así como 6 o 7 aullidos de todas las direcciones posibles a la vez, incluyendo el cacho de cañon que esta sobre nosotros. Decidimos que un paseo a la luz de la luna en una zona infestada de coyotes con medio bocadillo en la mano no es una opción inteligente, y salimos por patas en dirección al coche.


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El cielo es absolutamente increible. La temperatura absolutamente polar. Dormimos en el coche abriendo los asientos y usando mantas navajas, un saco de verano y toda la ropa posible. Algún animal merodea alrededor nuestro durante bastante rato. Se ven las estrellas como pocas veces las he visto. La via lactea perfectamente. recordatorio: llevar un tripode siempre.

Al final, entre aullidos de coyotes y ruidos alrededor nuestro, conseguimos dormir en uno de los sitios mas bonitos que recuerdo.