En la costa oeste de la isla sur de Nueva Zelanda hay una población con dos habitantes. Esa población consiste en el “Pukekura Lodge”, el “bushman center” y una casa-granja. Buscabamos un sitio donde dormir, así que nos detuvimos en Pukekura Lodge. El cartel de 24$ por habitación sonaba muy bien. El lodge consistía en una casa verde muy bonita entre palmeras-helecho, cesped, un par de cabras y unos cuantos ciervos. Llamamos a la puerta pero no había nadie. Tan solo un papel que decía “No estamos, las habitaciones están abiertas, elegid una y pagadla por la mañana cuando volvamos”. Y efectivamente, cada habitación (preciosa) estaba cerrada con un candadito que tenia su llave dentro. la cocina era absolutamente rústica pero funcional. Parecía la casa de un cazador. Había dos cubos de basura: uno para “cosas que pueden comer los cerdos” y otro para el resto de cosas.

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Elegimos una de las habitaciones y nos instalamos. Nos dirigíamos hacia la cocina cuando oímos un jeep acercarse. Era Bushman, el dueño del sitio. Del jeep absolutamente desvencijado se bajo un señor exactamente igual que cocodrilo dundee con 30 años mas y una pierna con un armazón de estos del siglo pasado para la gente que se las rompía, y un perro sin collar y sin raza. Nos contó que ahora mismo era piloto de helicopteros, pero que antiguamente se había dedicado a cazar ciervos tal y como se hacia antes. Buscando un ciervo desde un helicóptero y saltando encima del ciervo. Ahora llevaba el Bushman center, donde servía tartas de possum, hacía gorros de possum, tallaba madera y se metía con el gobierno y con la gente en general a partes iguales.

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Estuvimos hablando un montón de rato con el señor y pasamos una noche maravillosa. Nos contó que tenia un helipuerto en la colina y que había ciervos y cabras alrededor, que podríamos acercarnos. Al día siguiente visitamos el bushman center, que venía a ser algo así como si los monty python, en vez de hacer películas, se hubieran dedicado a cazar. Un sitio maravilloso y lleno de personalidad que todo el mundo con sentido del humor debería visitar alguna vez en la vida. Las indicaciones eran maravillosas y la comida, deliciosa. Conocimos a la señora de bushman, que se encontraba con el susodicho en la cocina, atendiendo, sirviendo las mesas, enseñando el local y charlando con los clientes, todo a la vez.

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Si vais a Nueva zelanda y pasais por la costa oeste, no olvideis parar en Pukekura 🙂