Finalmente llegamos al cruce de Haast. En mitad de montañas increíbles y gargantas con ríos. Una avalancha había destruido la carretera (única forma de llegar a la costa oeste) y la carretera cerraba todas las tardes y abría todas las mañanas, con solo una parte de un carril utilizable, y la prohibición absoluta de parar en la zona afectada. Llegamos absolutamente por los pelos pero mereció la pena.

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