EL segundo o tercer día en la isla sur dormimos en un albergue para trabajadores de las granjas. Era increiblemente barato y por suerte en nuestro cuarto de como 15 camas estábamos solamente nosotros dos. La cocina era rústica como no veríamos en mucho tiempo (concretamente hasta hollyford) y los inquilinos, pintorescos en un grado altamente terrypratchetiano.

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