Viernes 17. Tras estar hasta el último minuto terminando trabajos y haciendo la mochila, salimos Lara, Krispis y yo hacia el Tigre, a eso de las 17:30, donde nos comemos una sepia maravillosa. Despues de 2 semanas de sol radiante, se pone a llover. Vamos a Principe Pollo, donde hemos quedado con Alma y Vigara, que serán nuestros compañeros de viaje automovilistico hacia las tierras galegas.

Tras dejar Madrid atras, decidimos que es mucho mas inteligente y medieval coger el puerto de guadarrama que la autopista de peaje tunelistica. Hemos quedado en la estación de servicio de nomeacuerdo. Tres cuartos de hora después estamos en medio del bosque, con una visibilidad de 3 metros, niebla absoluta y una pendiente del 11%. Tras seguir a un coche (para que se despeñara él, no nosotros), durante media hora, a 20 por hora, conseguimos iniciar el descenso para dirigirnos a la estacíon de servicio maldita.

Pero no hemos contado con el bucle temporal de Villacastin de los Licantropos. Este residenteviliano pueblo, dominado por su iglesia industrial bunker de 100 metros de altura, consiste en un caserio habitado por zombies entre la carretera de peaje y la de guadarrama. Si sigues las indicaciones para llegar al area de servicio, llegas a una rotonda con 3 salidas. La que usas para entrar, una a la derecha y otro a la izquierda. Si te metes por la de la derecha recorres unos 500 metros, y llegas a una rotonda exactamente igual pero invertida por el espaciotiempo. Si te metes por la de la izquierda, lo mismo.

Tras 7 vueltas al bucle espaciotemporal de san martin de los licantropos, conseguimos abandonar la zona maldita, sin haber encontrado el area de servicio. Así que decidimos parar en otra area de servicio, a la que llegamos los ultimos con mucha diferencia. Y aqui, por alguna casualidad del destino, quiero creer, me encuentro con la persona que menos ganas tenia de encontrarme del mundo, y uno de los motivos por los que he abandonado Madrid este finde. Recuperado del mal momento, y sin casi haber podido saludar a los integrantes de la expedicion, seguimos la expedición hacia las tierras galegas. El paisaje es muy gótico, quizá porque es de noche. Llegamos al pueblo de Dagnir a bajas horas de la madrugada, y el camino por entre los arboles y los caserios semiderruidos es impresionante. Conocemos a Tapon, el perro milenario de Dagnir.

Reemprendemos el camino hacia Verín, donde vamos a pasar la noche, cortesía, como casi todo en este viaje, de la familia de Dagnir. Nada mas llegar a Verín, hacemos repartición de habitaciones, quedandonos Lara y yo con la antigua habitación de nuestro anfitrión. Como tiene mi misma edad, encuentro mil referencias a la EGB, libros que lei de pequeño, un cpc6128 y sobre todo, en la cocina, la empanada del destino.

Una empanada hecha en horno, de casi un metro cuadrado de area, para dominarlos a todos y atarlos en las tinieblas. Un queso maravilloso. Unos chorizos hechos a mano que casi me muero del gusto, y si hubiera tenido una máquina del tiempo hubiera viajado al pasado para felicitar al cerdo originario.


¡Esta es la parte de abajo de la empanada! ¡Había otra igual encima!

Tras dormir maravillosamente bien y desayunar como vikingos, dejamos atras Verín para dirigirnos al castillo de Monterrey. Muy cerca de Verín, parece una versión medieval de la acropolis. El sitio es precioso, absolutamente verde y piedra.

Fuimos guiados por Dagnir, que parecia encontrarse en su casa, subiendo por las escaleras de los torreones, y un señor local que parecia una version de la wikipedia sobre el castillo y la Iglesia.


Llovía ligeramente, lo que impidió que pudieramos sacar muchas fotos, pero a mi (y a Vigara al menos) me encantó. La iglesia era de 1374, y su interior (nos abrió el señor local, con una llave de 2 manos +12 contra porteros) impresionante. Impresionante de verdad. También nos abrió un museo que tenia desde tallas bizantinas a cuadros y tapices.

Recorrimos el castillo, la iglesia y el museo. Vimos gargolas con forma de mono. Y de buey. Vimos la medida de una vara galega tallada en la pared de la iglesia. Y vimos que cada piedra del castillo estaba firmada por el que la talló. Según nos explico Dagnir, se les pagaba por número de piedras, y nada mejor para evitar los desacuerdos en el precio final que una gran cantidad de ladrillos de granito de 500 kilos de peso con tu firma.

Del castillo partimos a Casarellos, que consiste básicamente en la mezcla entre casa rural y mansión de peli de miedo/porno. El “pueblo” consistía solo en el caserío, y yo personalmente era un poco esceptico con el sitio, ya que el alojamiento iba a salir muy barato.

Impresionante. Extraordinario y maravilloso. Habitaciónes enormes. Bueno, no eran habitaciones, porque teniamos hasta casi un salon, y un cuarto de baño inmenso. Calefacción. Un cama enorme (y dura!) Paredes de piedra. El sitio era *precioso*. tanto que decidimos quedarnos un día mas. Y volveremos. Porque a 8 kilometros esta el monasterio de Oseira. Y una excursión a pie hasta ahi tiene que ser maravilloso.

Nos acomodamos en nuestras habitaciones y al poco partimos en busca de viandas y comida al restaurante definitivo, que el domingo nos salvaría la vida, pero eso lo dejo para el siguiente post, ya que como todos los integrantes de la expedición (y algunos mas que encontramos en la boda) estoy con fiebre y una especie de gripe galega de la muerte.